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Virginia, 19 años, Santa Fe - Argentina. Yo sé que hay un lugar donde todo esto que escribo va a quedar, pero es que simplemente nadie entiende que es mi alma la que dejo acá. Esto soy yo. Así, tal cual, sin miedo de ser y dejarse ver. Acá y sólo acá, se verá mi verdad.

martes, 29 de noviembre de 2011

Sólo yo confío en los cuentos de eternidad.
No hay nadie más que lo entienda, nadie más se arriesga... porque arriesgarse es necesario para ganar, y si se pierde, está bien, al menos se intentó.
Yo me arriesgo a caer. A que todo termine en soledad, a que el viento me congele en invierno y mi corazón se seque de tanto llorar. Me arriesgo a que no haya consuelo, que ni mis películas favoritas me logren alegrar, a que tu recuerdo se me quede grabado por toda la eternidad y nunca, nunca nada, nunca nadie, me dé paz.
Pero a fin de cuentas, no sólo eso puede pasar.
¿Quién dice que todo siempre termina mal? Si no se sabe hasta cuando hay tiempo.
Si en dos, tres o veinte intentos se ha perdido, ¿por qué necesariamente tiene que ser todo igual? Inténtalo treinta y tres veces más. Disfruta y nunca te olvides de disfrutar. Nadie es dueño de tu felicidad.
Yo sé que todo puede terminar mal. Pero sé que eso se puede olvidar. Siempre gana la esperanza si tiene perseverancia el luchador.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tirando a matar
dándonos changüí,
puro razonar,
puro frenesí,
Siempre fue así nuestra historia
Que funcione o no,
que esté bien o mal,
vivirlo con vos,
para mí es la GLORIA.
Sin escatimar,
sin darnos de más,
sin acelerar,
sin tirar pa' tras
Siempre fue así nuestro asunto
Le falta de acá,
le sobra de allá,
retocándolo,
pero siempre Juntos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Humanos somos y de memorias vivimos.

¡Qué cruel! Nada de esto tiene sentido.
Como existe el día, existe la noche.
Como existe el recuerdo, existe el olvido.
Olvidemos.
Si yo viviera de memorias, tal vez no estaría acá hoy.
Me han tratado con crueldad, pinchando este corazón fresco y joven,
y no sé si es malo o bueno,
puede que fuerza me haya dado,
pero a eso cuesta mucho sanarlo,
y los miedos siguen estando...
un poco más enterrados,
más olvidados,
porque la esperanza ha ganado.

Si yo viviera de memorias, ahora estaría preocupada por el dinero,
no tendría miedo de dejarte ir;
pero hay cosas que no me importan, como tu bolsillo
o lo que guardes en él;
y puede que esto sea malo,
que de lo material es más fácil despegarse,
y si eso sólo me importara,
alejarme de vos sería un reto poco salvaje,
como sencillo, cuidado, eficaz.
Porque vos sos el billete, vos sos el valor que yo te doy,
y este no tiene medición, llegué al millón
y me olvidé de contar.

Si yo viviera de memorias, le tendría miedo al final de la hoja.
Siempre quiero volver,
porque ahí abajo es todo cruel.
Ahí todo termina. Pero cuando estoy con vos
no pienso en un final.
Yo sé que te vayas tal vez,
porque eterno, nada lo es,
pero por momentos creo que olvidarte no va a ser jamás la opción.
Porque cuando vos no estás te extraño y lo pienso.
Pienso en olvidarte, y en mi vida sin vos.
Mi vida liquidada, mi vida destrozada.
Por eso amo cuando estás,
es la forma más segura de sanar.

Si yo viviera de memorias, tu boca sería una más.
Sería como todas, como común.
Le tengo miedo a la costumbre, aunque también espero su venida.
Sé que aunque llegue, nunca voy a dejar de sentir nervios
cuando, a la mía, tu boca se acerque.
Porque ahora entiendo el significado de la paz, porque lo vivo ahora,
cuando ella se pega a mi mejilla.

Si yo viviera de memorias, tal vez, sólo tal vez, deje de verte en cada lugar donde voy.
Siempre uno tiene tu remera o tu pantalón,
tu calzado o tu peinado,
tus anillos o tus aros;
pero ninguno nunca tiene tus ojos.
Ninguno nunca enfoca mi eje hacia él, como vos lo hacés.
Cuando mis pies caminen y me acerquen a uno igual a vos,
sé que no va a ser coincidencia, que el vernos tenía que pasar.

Si yo viviera de memorias, esto que escribo existiría.
Porque vivo de memorias, pero sólo las buenas, sólo las tuyas.
Si yo no viviera de memorias, no podría recordar aunque trate,
golpee mi cabeza, o me abran el cráneo,
la felicidad plena y exquisita
que vos, a mi lado estar,
mi mano tomar,
y tus ojos clavar, me das.

Si yo no viviera de memorias, ahora te extrañaría tanto,
pero sé que estás,
que existís,
que el día te trata bien.

Las memorias sólo son dichosas cuando una sonrisa las atraviesa. De esas, sí que es digno vivir.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Con tu panza y mi panza rozándose
No hay poeta que no haga una canción


Sin escatimar, sin darnos de más
sin acelerar, sin tirar pa' tras
siempre fue así nuestro asunto
Le falta de acá, le sobra de allá,
retocándolo
pero Siempre Juntos.
Aprecio tu sinceridad.
Es excelente tu valentía.
Pero tengo miedo de la mía,
miedo de que te logre alejar.

Yo no sé si prefiero ver el paisaje
o besar tu boca.
Creo que al menos una
nunca me va a traicionar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La causalidad

No hay paz más plena
que la de tu aliento en mi cuello
Y eso que ambos tenemos un largo trecho vivido
pero nada se compara con lo tuyo y mío.

A veces me pongo a pensar
acerca de todo lo que nos pasa
Yo no sé lo que vos sentís
Pero nada más importa que verte reír por mí.

Y es que el mundo es grande
la búsqueda, implacable
¡pero sí que es una suerte
haberte encontrado entre tanta gente!

Se comienza a divisar en el horizonte una finísima línea color naranja que se dibuja detrás de los enormes árboles. Las palomas, los gorriones, los horneros y demás especies que no distingo, cubren el cielo celeste que de a poco se tiñe de azul oscuro. Yo miro a un costado y ahí estás. Tan absorto de esta realidad, tan en tu pensamiento, tan fuera de lugar.

No pareces notar lo maravilloso de la tarde, no te interesa lo que está pasando. Hablás de cosas que no entiendo, porque no quiero entender, porque prefiero vivir de la fantasía de lo natural. Sí, sé que suena contradictorio, pero nadie habló jamás de cordura. Yo nunca dije que sería una persona seria. Sólo hable de lealtad, cariño, comprensión y diversión. Pero vos no parás de hablar.

Es como si prefirieras escuchar una y otra vez tus pensamientos en lugar de conocerme. Yo, pobre ilusa. Tengo tanto para mostrar y vos no querés ver nada.

Se te escapa siempre una palabra hiriente, me mirás siempre como con lástima, como creyendo que yo salgo perdiendo. Puede que sí, nunca hablé de victoria. Siempre defendí la guerra pero jamás dije que la quería ganar. Si tan sólo me escucharas...

De verdad que no quiero estar ahí. Es grandioso lo que pasa con el sol cubierto, la brisa fresca que da un respiro del día caluroso de verano... pero no quiero eso. Porque me siento mal, defraudada, decepcionada, lastimada... ¿De qué me sirve estar apreciando todo eso si cuando miro al costado veo tus ojos que me miran y no me transmiten nada?


¿Quién puede hablar de felicidad cuando tus ojos nunca lo miraron?
No me vengan con idioteces, acá nadie entiende.
No saben de la magia y ya quieren escupir fuego por la boca.