Ni sol pegando en las mejillas, ni lluvia directo a los ojos.
No quiero nada hoy porque nada parece quererme. Me apuñala la mala suerte y todo se me cae de las manos, se escurre en el infinito y mi mente trabaja frenéticamente tratando de recordar todo lo malo que viví para compararlo con lo actual y ver si debería estar o no feliz.
Me siento. Muevo el cuello a los costados, arriba, abajo, lo dejo en el medio para mirar la pared. El televisor, los cuadritos, el timbre y luego la luz. Sigue estando todo oscuro.
Hoy es el día más lento que recuerdo haber vivido y no me duele sino que me pesa y lo que sí me duelen son los hombros.
Tiemblo, creo que hace frío.
No sé. No conozco. No quiero nada hoy porque hoy nada parece quererme.
Me sostengo en el sillón y sigo sentada... tal vez, diez minutos más.
Siento, luego desaparezco.
Datos personales
- virgi
- Virginia, 19 años, Santa Fe - Argentina. Yo sé que hay un lugar donde todo esto que escribo va a quedar, pero es que simplemente nadie entiende que es mi alma la que dejo acá. Esto soy yo. Así, tal cual, sin miedo de ser y dejarse ver. Acá y sólo acá, se verá mi verdad.
jueves, 4 de julio de 2013
Bleh.
Ni sol pegando en las mejillas, ni lluvia directo a los ojos.
No quiero nada hoy porque nada parece quererme. Me apuñala la mala suerte y todo se me cae de las manos, se escurre en el infinito y mi mente trabaja frenéticamente tratando de recordar todo lo malo que viví para compararlo con lo actual y ver si debería estar o no feliz.
Me siento. Muevo el cuello a los costados, arriba, abajo, lo dejo en el medio para mirar la pared. El televisor, los cuadritos, el timbre y luego la luz. Sigue estando todo oscuro.
Hoy es el día más lento que recuerdo haber vivido y no me duele sino que me pesa y lo que sí me duelen son los hombros.
Tiemblo, creo que hace frío.
No sé. No conozco. No quiero nada hoy porque hoy nada parece quererme.
Me sostengo en el sillón y sigo sentada... tal vez, diez minutos más.
Siento, luego desaparezco.
No quiero nada hoy porque nada parece quererme. Me apuñala la mala suerte y todo se me cae de las manos, se escurre en el infinito y mi mente trabaja frenéticamente tratando de recordar todo lo malo que viví para compararlo con lo actual y ver si debería estar o no feliz.
Me siento. Muevo el cuello a los costados, arriba, abajo, lo dejo en el medio para mirar la pared. El televisor, los cuadritos, el timbre y luego la luz. Sigue estando todo oscuro.
Hoy es el día más lento que recuerdo haber vivido y no me duele sino que me pesa y lo que sí me duelen son los hombros.
Tiemblo, creo que hace frío.
No sé. No conozco. No quiero nada hoy porque hoy nada parece quererme.
Me sostengo en el sillón y sigo sentada... tal vez, diez minutos más.
Siento, luego desaparezco.
martes, 19 de marzo de 2013
Admito que no logro acostumbrarme. Todavía no entiendo... no entiendo como puede ser que al mirarte, tus ojos no digan lo mismo. No entiendo cuán malo puede llegar a ser intentarlo... pero te lo dije tantas veces que ya estoy cansada de pensar en eso. Sí, ni sé por qué menciono todo esto si hasta yo quiero terminar el capítulo. Pero es que los ojos arden y tengo que parar antes de terminarlo y cada vez que paro, retrocedo unas hojas para recordar en qué venía. Eso me pasa con vos, eso es lo que no puedo sacarme de encima, es inevitable, no encontré respuestas aún. Lo único que hago es negarlo y seguir con cara de amargura como si fuera una chica mala y fuerte. No lo soy. Soy fuerte pero tengo talones y... es jodido ser humana y tener talones, están muy a la vista.
No me gusta escribir siempre de lo mismo pero por una extraña razón, siempre todo termina igual. Que lloro y quiero volver atrás y pretender que I've never met the bastard. Pero después me alegro de poder haber vivido la experiencia, de entender por donde viene la mano y usarlo para el futuro, cosa que me parece más lógica... El punto es que... es difícil (no imposible) caminar hacia adelante si tenés un chicle pegado en las zapas. O retrocedes, o tironeas, o seguís haciendo como si nada. Y la última jamás fue una opción para mí.
Sólo me queda tironear hasta que se quede donde debería y así poder seguir caminando.
(Por cierto, odio que se me peguen los chicles y no entiendo porque las personas no pueden tirarlos a la basura o envolverlos en papel o seguir comiéndolos y fin, dejen de molestar a los que no miramos el piso al caminar... o no lo miramos justo cuando hay un chicle ahí)
No me gusta escribir siempre de lo mismo pero por una extraña razón, siempre todo termina igual. Que lloro y quiero volver atrás y pretender que I've never met the bastard. Pero después me alegro de poder haber vivido la experiencia, de entender por donde viene la mano y usarlo para el futuro, cosa que me parece más lógica... El punto es que... es difícil (no imposible) caminar hacia adelante si tenés un chicle pegado en las zapas. O retrocedes, o tironeas, o seguís haciendo como si nada. Y la última jamás fue una opción para mí.
Sólo me queda tironear hasta que se quede donde debería y así poder seguir caminando.
(Por cierto, odio que se me peguen los chicles y no entiendo porque las personas no pueden tirarlos a la basura o envolverlos en papel o seguir comiéndolos y fin, dejen de molestar a los que no miramos el piso al caminar... o no lo miramos justo cuando hay un chicle ahí)
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