Admito que no logro acostumbrarme. Todavía no entiendo... no entiendo como puede ser que al mirarte, tus ojos no digan lo mismo. No entiendo cuán malo puede llegar a ser intentarlo... pero te lo dije tantas veces que ya estoy cansada de pensar en eso. Sí, ni sé por qué menciono todo esto si hasta yo quiero terminar el capítulo. Pero es que los ojos arden y tengo que parar antes de terminarlo y cada vez que paro, retrocedo unas hojas para recordar en qué venía. Eso me pasa con vos, eso es lo que no puedo sacarme de encima, es inevitable, no encontré respuestas aún. Lo único que hago es negarlo y seguir con cara de amargura como si fuera una chica mala y fuerte. No lo soy. Soy fuerte pero tengo talones y... es jodido ser humana y tener talones, están muy a la vista.
No me gusta escribir siempre de lo mismo pero por una extraña razón, siempre todo termina igual. Que lloro y quiero volver atrás y pretender que I've never met the bastard. Pero después me alegro de poder haber vivido la experiencia, de entender por donde viene la mano y usarlo para el futuro, cosa que me parece más lógica... El punto es que... es difícil (no imposible) caminar hacia adelante si tenés un chicle pegado en las zapas. O retrocedes, o tironeas, o seguís haciendo como si nada. Y la última jamás fue una opción para mí.
Sólo me queda tironear hasta que se quede donde debería y así poder seguir caminando.
(Por cierto, odio que se me peguen los chicles y no entiendo porque las personas no pueden tirarlos a la basura o envolverlos en papel o seguir comiéndolos y fin, dejen de molestar a los que no miramos el piso al caminar... o no lo miramos justo cuando hay un chicle ahí)