Recuerdo cuando corríamos descalzos, dejando que el viento hiciera lo suyo en nuestros cabellos... en tus cabellos negros, rizados, pálidos, rebeldes. Qué manera de reír cuando tenías que quitarlos de tus ojos porque te nublaban la vista.
Aún sigo sonriendo, aunque nada sea igual.
Sabes... yo creí en las promesas. Para mí el "siempre" tenía un significado casi tan enorme como la profundidad del océano atlántico, ese que solías odiar cuando te hacían estudiar geografía y no entendías absolutamente nada de sus cualidades. Nunca supiste de sus fenómenos, de sus desastres, o de los vientos que provenían de allí... otra vez el viento. ¿Por qué esto me recuerda tanto a ti? ¿Será que porque el viento arrasa, liquida, transforma y se va?
Es que verte cantar, cantarme, era magnífico, demolía, me maniataba. Tú me dedicabas "In my life", "All you need is love" y me abrazabas tan fuerte que tenía que rogar por no quedar sin aire, pues no quería morir; esos momentos son tan eternos que uno no sabe si volverá a sentirlos. Es que lo eterno genera duda. Lo efímero permanece. Y es por eso que te has quedado hoy.
Llegaste, de la nada, con tus manos acarameladas, llenas de uvas moradas y verdes que compartías conmigo... luego de años, comer uva juntos era cotidiano, natural, lleno de pura y exclusiva verdad. Y la última vez que te vi también comimos uva, pero sentados lejos.
Yo sé que en vano es escribirte esto... sé que no lo leerás. Pero... es que empiezo a dudar...
Dudar de ti, de tu existencia... de la forma en que creí que eras y de la forma en que me hacías sentir.
Hoy, estos años se esfuman, pero no sé cuántos más vendrán. Con sutileza te irás borrando, pero cuando te desaparezcas por fin, será tarde para mí.
Yo hoy dudo. Y... muero.
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