Más de un mes sin escribir no es una desgracia. Señal de alivio y de que la vida diaria me tuvo ocupada. Me gusta vivir, me gusta experimentar, me gusta mirar atrás y ver que hice todo lo que quise.
Algo así me anduvo pasando. Creo que crecí un poco más y aprendí que hay que darle tiempo a las cosas. También aprendí que los deseos deben ser individuales y que el sueño propio no debe involucrar a nadie más, porque de así serlo, no dependería sólo de vos mismo. Qué lindo es ser un individuo en un mundo lleno de soledad. Ser uno, estar solo, con la taza de té y el librito, el mate y los apuntes, el café y la mañana. Estar en soledad me enseñó que soy feliz así. Que estaba errada antes. Que no necesito de brazos o boca u ojos.
Sólo hay que dejar que las cosas se den, pero sin dejar de buscarlas y acomodarle las fichas para que vengan. Hay que poner un poco de uno para que lo que se quiere se cumpla.
Yo no sé lo que va a llegar, pero acá estoy esperando. Feliz, con manzanilla y anteojos. Feliz con caracteres y amigas. Feliz con música movida y un blog abandonado. Tengo mis momentos de felicidad y a veces, varias veces, coinciden con la soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario