La desesperación del otro día es la prueba concreta de que, por más que haya dicho y repetido un centenar de veces que te había olvidado, no es tan fácil dejar de pensarte.
No se trata sólo de recuerdos. De que digan "crema del cielo" y me acuerde de que es tu gusto favorito de helados, y sonría y te recuerde sonriendo conmigo mientras tomábamos helado y me ría por tus chistes esa noche en que era verano y me había puesto pura ropa blanca que se ensució, inevitablemente, con helado y nos cagábamos de risa de eso y de todo, porque estábamos bien y vos no pensabas en mañana.
Yo siempre pensé que nos íbamos a alejar pero jamás imagine que iba a ser tan rápido o tan abruptamente o tan independientemente de mi voluntad. Tan horriblemente, tan sola me sentí... siempre.
Y es curioso que ahora tus palabras hacia ella sean las mismas que robaste de mí. "Te puedo hacer más feliz aun. Dejame hacerte feliz".
Ya no lloro con dolor, pero lloro por melancolía. Por saber que acá estoy, estancada, tomando mate, leyendo historias que me transportan pero siempre me recuerdan a vos en algo. O una palabra, o una descripción de una forma de mirar o el toque de dos manos o la sonrisa del personaje principal, o el dolor de la protagonista. Todo es tan nuestro. Pero no hay "nosotros". Jamás habrá.
Qué le vamos a hacer.
Datos personales
- virgi
- Virginia, 19 años, Santa Fe - Argentina. Yo sé que hay un lugar donde todo esto que escribo va a quedar, pero es que simplemente nadie entiende que es mi alma la que dejo acá. Esto soy yo. Así, tal cual, sin miedo de ser y dejarse ver. Acá y sólo acá, se verá mi verdad.
domingo, 18 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
No sé qué pienso. No sé si pienso.
Había silencio de a ratos, cuando las gotitas de lluvia se iban agrupando. El ruido venía cuando caían juntas, con fuerza. Yo no sabía qué sentir. Ya no sabía qué era realmente sentir. Si leer lo anterior me servía... sí, probablemente pueda comparar. Pero no sabía qué pasaba por mi cabeza o qué quería hacer que pase por mi cabeza.
Era un sentimiento de soledad en compañía... soledad que no duele, no pesa, no lamenta, no destruye. Todo se resumía a un largo y tendido silencio, que se interrumpía muy de vez en cuando. Recuerdo saltar de sorpresa al escuchar la lluvia. ¿Hacía cuánto había empezado a llover? ¿Recién? ¿Y yo qué hacía mientras? Probablemente pensaba sin pensar, sin sentir, con vagos sentimientos de nostalgia combinados con una fuerte sensación de que hay algo que siento y no sé qué mierda es. Todo iba bien. (¿Sí?)
Pero estaba el vacío.
Estaba acostumbrada al vacío, ya.
Era algo habitual, nada de qué preocuparse.
El vacío de ir caminando. El vacío de escuchar cosas que no me llenaban el alma.
El vacío de soñar con volver a reír. El vacío de querer gritar "¡Que sea viernes!" para poder tomar algo más de ron y reír y querer llorar y saber perfectamente que al otro día voy a estar así como estoy hoy.
No sé por qué mierda escribí todo en pasado, porque así me siento ahora, en realidad.
Eso de querer destruirte, sin destruir a nadie. Sin matarte. Sólo destruirte, dejarte ir, que el "no-pienso-nada" no genere ansiedad. No me haga preguntarme ¿qué sentís? ni me haga convencerme de que estoy triste y vacía porque en realidad no lo estoy. (¿No?)
Y qué llegará a pasar, cuando los días sigan así. Queriendo llenarme de penas mientras chupo, queriendo llorar mientras me río. Sabiendo que, si se me llegara a escapar una lágrima, la lluvia no para más. Quiero estar triste. Al menos podría afirmar que algo SÍ me pasa, que siento que HAY un vacío. (¿pero cómo puede haber vacío, nada...?)
Encontrar el camino. Saber qué hacer. Caerme del pedo pero consciente de que estoy bien. Porque estoy bien. Sólo es... lluvia que vuelve. Lluvia que acabo de percibir pero no sé si empezó recién o hace media hora. O si nunca llovió, no llueve y yo estoy acá imaginando que está todo mal, todo bien, todo de puta madre.
¿De qué me estaré perdiendo?
Era un sentimiento de soledad en compañía... soledad que no duele, no pesa, no lamenta, no destruye. Todo se resumía a un largo y tendido silencio, que se interrumpía muy de vez en cuando. Recuerdo saltar de sorpresa al escuchar la lluvia. ¿Hacía cuánto había empezado a llover? ¿Recién? ¿Y yo qué hacía mientras? Probablemente pensaba sin pensar, sin sentir, con vagos sentimientos de nostalgia combinados con una fuerte sensación de que hay algo que siento y no sé qué mierda es. Todo iba bien. (¿Sí?)
Pero estaba el vacío.
Estaba acostumbrada al vacío, ya.
Era algo habitual, nada de qué preocuparse.
El vacío de ir caminando. El vacío de escuchar cosas que no me llenaban el alma.
El vacío de soñar con volver a reír. El vacío de querer gritar "¡Que sea viernes!" para poder tomar algo más de ron y reír y querer llorar y saber perfectamente que al otro día voy a estar así como estoy hoy.
No sé por qué mierda escribí todo en pasado, porque así me siento ahora, en realidad.
Eso de querer destruirte, sin destruir a nadie. Sin matarte. Sólo destruirte, dejarte ir, que el "no-pienso-nada" no genere ansiedad. No me haga preguntarme ¿qué sentís? ni me haga convencerme de que estoy triste y vacía porque en realidad no lo estoy. (¿No?)
Y qué llegará a pasar, cuando los días sigan así. Queriendo llenarme de penas mientras chupo, queriendo llorar mientras me río. Sabiendo que, si se me llegara a escapar una lágrima, la lluvia no para más. Quiero estar triste. Al menos podría afirmar que algo SÍ me pasa, que siento que HAY un vacío. (¿pero cómo puede haber vacío, nada...?)
Encontrar el camino. Saber qué hacer. Caerme del pedo pero consciente de que estoy bien. Porque estoy bien. Sólo es... lluvia que vuelve. Lluvia que acabo de percibir pero no sé si empezó recién o hace media hora. O si nunca llovió, no llueve y yo estoy acá imaginando que está todo mal, todo bien, todo de puta madre.
¿De qué me estaré perdiendo?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)