La desesperación del otro día es la prueba concreta de que, por más que haya dicho y repetido un centenar de veces que te había olvidado, no es tan fácil dejar de pensarte.
No se trata sólo de recuerdos. De que digan "crema del cielo" y me acuerde de que es tu gusto favorito de helados, y sonría y te recuerde sonriendo conmigo mientras tomábamos helado y me ría por tus chistes esa noche en que era verano y me había puesto pura ropa blanca que se ensució, inevitablemente, con helado y nos cagábamos de risa de eso y de todo, porque estábamos bien y vos no pensabas en mañana.
Yo siempre pensé que nos íbamos a alejar pero jamás imagine que iba a ser tan rápido o tan abruptamente o tan independientemente de mi voluntad. Tan horriblemente, tan sola me sentí... siempre.
Y es curioso que ahora tus palabras hacia ella sean las mismas que robaste de mí. "Te puedo hacer más feliz aun. Dejame hacerte feliz".
Ya no lloro con dolor, pero lloro por melancolía. Por saber que acá estoy, estancada, tomando mate, leyendo historias que me transportan pero siempre me recuerdan a vos en algo. O una palabra, o una descripción de una forma de mirar o el toque de dos manos o la sonrisa del personaje principal, o el dolor de la protagonista. Todo es tan nuestro. Pero no hay "nosotros". Jamás habrá.
Qué le vamos a hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario