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Virginia, 19 años, Santa Fe - Argentina. Yo sé que hay un lugar donde todo esto que escribo va a quedar, pero es que simplemente nadie entiende que es mi alma la que dejo acá. Esto soy yo. Así, tal cual, sin miedo de ser y dejarse ver. Acá y sólo acá, se verá mi verdad.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Humanos somos y de memorias vivimos.

¡Qué cruel! Nada de esto tiene sentido.
Como existe el día, existe la noche.
Como existe el recuerdo, existe el olvido.
Olvidemos.
Si yo viviera de memorias, tal vez no estaría acá hoy.
Me han tratado con crueldad, pinchando este corazón fresco y joven,
y no sé si es malo o bueno,
puede que fuerza me haya dado,
pero a eso cuesta mucho sanarlo,
y los miedos siguen estando...
un poco más enterrados,
más olvidados,
porque la esperanza ha ganado.

Si yo viviera de memorias, ahora estaría preocupada por el dinero,
no tendría miedo de dejarte ir;
pero hay cosas que no me importan, como tu bolsillo
o lo que guardes en él;
y puede que esto sea malo,
que de lo material es más fácil despegarse,
y si eso sólo me importara,
alejarme de vos sería un reto poco salvaje,
como sencillo, cuidado, eficaz.
Porque vos sos el billete, vos sos el valor que yo te doy,
y este no tiene medición, llegué al millón
y me olvidé de contar.

Si yo viviera de memorias, le tendría miedo al final de la hoja.
Siempre quiero volver,
porque ahí abajo es todo cruel.
Ahí todo termina. Pero cuando estoy con vos
no pienso en un final.
Yo sé que te vayas tal vez,
porque eterno, nada lo es,
pero por momentos creo que olvidarte no va a ser jamás la opción.
Porque cuando vos no estás te extraño y lo pienso.
Pienso en olvidarte, y en mi vida sin vos.
Mi vida liquidada, mi vida destrozada.
Por eso amo cuando estás,
es la forma más segura de sanar.

Si yo viviera de memorias, tu boca sería una más.
Sería como todas, como común.
Le tengo miedo a la costumbre, aunque también espero su venida.
Sé que aunque llegue, nunca voy a dejar de sentir nervios
cuando, a la mía, tu boca se acerque.
Porque ahora entiendo el significado de la paz, porque lo vivo ahora,
cuando ella se pega a mi mejilla.

Si yo viviera de memorias, tal vez, sólo tal vez, deje de verte en cada lugar donde voy.
Siempre uno tiene tu remera o tu pantalón,
tu calzado o tu peinado,
tus anillos o tus aros;
pero ninguno nunca tiene tus ojos.
Ninguno nunca enfoca mi eje hacia él, como vos lo hacés.
Cuando mis pies caminen y me acerquen a uno igual a vos,
sé que no va a ser coincidencia, que el vernos tenía que pasar.

Si yo viviera de memorias, esto que escribo existiría.
Porque vivo de memorias, pero sólo las buenas, sólo las tuyas.
Si yo no viviera de memorias, no podría recordar aunque trate,
golpee mi cabeza, o me abran el cráneo,
la felicidad plena y exquisita
que vos, a mi lado estar,
mi mano tomar,
y tus ojos clavar, me das.

Si yo no viviera de memorias, ahora te extrañaría tanto,
pero sé que estás,
que existís,
que el día te trata bien.

Las memorias sólo son dichosas cuando una sonrisa las atraviesa. De esas, sí que es digno vivir.

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