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Virginia, 19 años, Santa Fe - Argentina. Yo sé que hay un lugar donde todo esto que escribo va a quedar, pero es que simplemente nadie entiende que es mi alma la que dejo acá. Esto soy yo. Así, tal cual, sin miedo de ser y dejarse ver. Acá y sólo acá, se verá mi verdad.

lunes, 26 de octubre de 2009

Conclusiones 1

Fue un día de decisiones. Bueno, no decisiones realizadas sino a realizar.
Aprendí...
Que yo no soy perfecta. Seamos sinceros, nadie lo es. Por más que pensemos que así debe ser el cuerpo perfecto o la personalidad de tal persona es perfecta, nos equivocamos. Claro que sí, entonces, ¿Por qué nos arrepentimos, dudamos, nos ponemos mal? Porque sabemos que hay grandes probabilidades de que cometamos un error. Si no fuera así, actuaríamos sin pensarlo. Pero sin pensar absolutamente nada. No habría de qué arrepentirse.
Que a veces decimos cosas que no sentimos. Se relaciona con el punto anterior porque siempre que decimos algo que no sentimos nos arrepentimos y queremos corregirlo. Si nunca te pasó algo igual es porque tal vez no seas humano. Es común. Pasa muy seguido que cuando nos peleamos con alguien digamos lo que nos sale. Hablando en criollo, lo mandemos a la mierda. Y después te das cuenta de que no sos absolutamente nadie para decidir sobre otro.
Es decir, yo me consolaba diciendo "No estoy juzgándola... simplemente creo que lo mejor que sacarla de mi vida porque no me hace bien" Pero estaba errada. Porque es una persona... y es feo que te quieran sacar de la vida de alguien. Más aún si esa persona era amiga tuya. Y nadie merece estar solo. Duele. Nos consume de a poco y nos quiebra cada uno de los huesos.
Que, más allá de no ser perfectos y equivocarnos, tenemos que hacernos valer. No digo que levantemos nuestra cara y nos llevemos a todos por encima simulando ser reyes o líderes. Nadie es mejor que nadie. Pero a veces hay que hacerse valer porque no siempre es todo justo. No es justo que yo espere por él todos los días. Espere por un mensaje de texto, una señal de vida, un mensaje por medio de un tercero... algo. No es justo que yo espere, claro que no! Porque yo espero y lo lloro y lamento tanto haber perdido tiempo en silencio (que no era necesario) y no haber hablado más con él, conocerlo más; mientras él se ocupa de su vida, de sus cosas, de SU persona. Maldita injusticia.
Siempre creí que una energía superior movía las situaciones. Aún lo creo pero cuando esa energía abandona no queda otro remedio que crearla. No esperarla. Hacerla, sacarla al exterior, mover las situaciones... y hacerse valer.

Y A LA MIERDA!
No te quiero pensar más, no es justo.

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