Empezar cuesta tanto... Siempre lo digo. Cada vez que empiezo un blog lo termino ahí. A veces sin empezar.
Hoy fue un lindo día. Bueno... podría haber estado mejor. Sí, me arrepiento de los días de mierda que pasé desde el jueves hasta el domingo. Saben lo jodido que es llorar todas las noches? Seguro que sí. Admito que no lo había experimentado antes... o al menos no lo recuerdo.
No sé por qué lo hice. Nunca encuentro respuestas a nada. Me conformo muchas veces con decir que "así soy" pero no habrá algo más grave ahí?
Admito que tiene que ver con una persona. Sí, raro, no? No.
Él... me movió todo. En vez de pasar las tardes sola nos ibamos a dar vueltas por ahí, boludear.
En vez de tomar unos mates amargos en la terraza escribiendo, tomaba mates dulces con él en una plaza hermosa e inspiradora.
Es lamentable. Me averguenzo por sentir lo que sentí. No me arrepiento... pero...
De igual manera, que escriba esto no significa nada. Bueno, tal vez sí, pero no va a hacer que él vuelva a estar conmigo, que él me llame -al menos una vez- o que volvamos a tomar esos mates.
Con él todo es dulce... pero cuando se va no soporto nada. Él tiene poder sobre mí. Un poder que ya estoy acostumbrada a dar... pero no sé si él está acostumbrado a recibir. No debería darle tanta importancia...
No me queda otra que seguir con la mía.
Más allá de todo eso, la vida es como una poesía. Hay que sentirla para entenderla. Puede ser una poesía de amor, una de tristeza, pero siempre será. A veces concuerda con lo vivido, con los versos escritos; otras veces no hay rima que convine: todo es tan confuso. Pero siempre será. Y siempre tendrá quienes la sigamos y comprendamos... Por un momento pensé en sentirme bien, pero recordé que no hay nada más dulce que haber dejado de lado lo amargo.
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