Hacía mucho que no pensaba las cosas. Extraño los mates mañaneros en el comedor mirando las paredes... mirando sin mirar, sin deseos de permanecer en la realidad mucho tiempo más.
Hacía mucho que no pensaba en él. En sus brazos que añoro. Esos que parecían protegerme de todo mal, de todo peligro; que me brindaban paz y cariño.
En este momento mis ojos segregan lágrimas, impacientes por salir y saludar a mis pestañas que permanecen cercanas a mis mejillas: no dejo de sentirme cabizbaja. Quiero llorar cuando pienso que yo mal interpreté todo. Que tal vez sus brazos necesitaban tanto cariño y calor como yo y que sólo me abrazaban por un deseo egoísta de sentirse útil y protector. Pero lo extraño igual...
No quiero convencerme de que sus besos eran tan irreales como mi deseo de alejarme de ellos. No quiero saberlo... eso rompería toda estructura equilibrada que yo hubiera construido en este tiempo. Pero lo extraño mucho y no sé si eso esté bien.
Sonrío, no sé si por desdén o por rendirme, cuando pienso que él me olvidó. Que nunca nos veremos otra vez. Sonrío y me lastimo cuando reconozco que yo super-hiper-archi-mega mal interpreté lo nuestro.
Fui insignificante para él y sus promesas de "siempre supe que me ibas a hacer bien"
Fui insignificante para él y sus besos y brazos cálidos.
¡que tonta!
No hay comentarios:
Publicar un comentario