Cada vez eran más frecuentes mis pensamientos... Soy un hombre que ha respetado a muchas mujeres... pero ella no se merecía nada de eso.
Qué poca cosa era vestida de esa manera... como esperando que alguien se fijara en ella. Si no la conociera, podría asegurar que era una mujer segura de sí... pero en realidad estaba muy lejos de eso.
Yo sabía tanto de ella... de sus intentos de abandonar el planeta, de sus lágrimas y sus puntos débiles. Yo sabía que ella no valía nada, que ella no había sido para mí... que era tan poca cosa que me daba pena y asco a la vez.
Me planteé varias veces si estos pensamientos se debían a un resentimiento, pero estaba seguro de que no era así.
Ella era despreciable. Ella sabía lo que podía lograr en mí y continuaba intentando herirme. Se sentía tan insegura que siempre me tiraba una indirecta para lastimarme aún más.
Pobre mujer, tan sola, tan triste, tan miserable.
Sólo me dejaba mudo cuando de pasión se trataba. Era lo único que nos unía. Ambos usándonos como calzado, como vestimenta... una que se caía al piso y permanecía ahí hasta la otra mañana. No se trataba nada más que de eso... y créanme que yo siempre lo quise cambiar... pero estaba tan vacía ella que mis intentos eran vanos. Ella no quería salvarse y yo... yo debía seguir con mi vida.
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