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Virginia, 19 años, Santa Fe - Argentina. Yo sé que hay un lugar donde todo esto que escribo va a quedar, pero es que simplemente nadie entiende que es mi alma la que dejo acá. Esto soy yo. Así, tal cual, sin miedo de ser y dejarse ver. Acá y sólo acá, se verá mi verdad.

sábado, 31 de marzo de 2012

Tus cigarrillos

Te sentás comodísimo en el sillón como si fuera tuyo y como si mi casa fuera tu hogar. Es fantástico, no me quejo, todo lo contrario: no puedo evitar sonreírte y burlarte por tu forma de caer en el asiento.
Es mágico verte. Casi que ni noto el sillón ni la casa, ni el espejo ni el sahumerio de vainilla ni la lampara prendida alumbrando los muñecos de peluche. No noto nada sólo tu sonrisa de costado canchereando la situación.
No se me ocurre ofrecerte nada, ni siquiera sé qué carajo hacés acá, pero no me importa, algo me dice que sólo quería verte respirando. Y vos esperás, porque te incomoda que te mire, que te sonría, que me babee. No culpes a nadie, sólo a esos ojos y esas manos. Nadie jamás habló de cordura o conciencia o reunióndetrabajo o juntadadeamigos, no. Sólo verte vivo, que todavía respirás y no te olvidaste mi nombre.
De repente siento la tierra vibrar, pero vos no sentís nada (vieja película, yo sintiendo y vos nada) y hasta seguís sonriendo y hablando de tu amigo el que compró una camioneta como la que yo quiero, así roja y brillante, vieja pero a la vez nueva, con luces enormes y sigue temblando mi cabeza y tus manos y tus cigarrillos y el sillón donde te besé la primera vez y la casa que me escuchó decirte secretos de cariño y el espejo y los peluches y tu pantalón y tu remera gastada y mis ganas de salir corriendo y llevarte y no volver y todo se hace espuma y me veo ahogada y sin vos y vos viviendo y yo sin vos y no hay pausa porque no puedo parar porque me consume y las comas se fueron así como se fue tu piel y el sillón y el living y estoy en la habitación con la almohada de babero y la sabana de camisón.
Ay, así son las cosas. Yo que te invento, vos que me la hacés creer.

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