Acostumbro recostarme en el sofá y dejar que el mundo desaparezca. Soy de ese tipo de gente que no acepta un no, que continúa cuando ya no hay nada por lo que seguir. Pero así soy, ¡y cuánto me alegro!
No me interesa buscar aquello que no llega, total yo sigo. Camino, lentamente, hacia donde me lleva el impulso, el deseo por descubrir lo que está escondido, pero conmigo siempre llevo lo que tengo.
No podría jamás dejarlo en casa. Vaya donde vaya, casa está en mi espalda. Vaya donde vaya, esto que hoy tengo, siempre estará. Y no tiene sentido negarlo: es que yo no necesito más de lo que ya tengo. No tengo todo lo que quiero pero, afortunadamente, amo todo lo que tengo.
¡Y qué lindo es notarlo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario