Pequeña señorita, que con tristeza sostienes la maleta,
Tus dedos no son los mismos, se han sumergido en tierra.
Tu cabello está aplastado, ha olvidado la locura de París,
Y tu sonrisa se ha gastado, sólo parece morir.
¡Ay, pequeña señorita que lloras desconsolada!
¿No recuerdas, acaso, que a ti no te importa nada?
Dile adiós al florero celeste de la mesa de la cocina
y olvida las cortinas que no lograban tapar el sol
Vete lentamente, que nadie te apura
pero vete de una vez.
No hay manera de que el reloj gire al revés.
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