Palabras. Más y más palabras.
Sencillas y a la vez complicadas.
Extremas y a la vez simples palabras.
Que matan, cuando salen sin cuidado, como con el ánimo descontrolado.
Que mueren, cuando, por miedo, callamos.
Pero son sólo palabras.
¿De qué me sirve a mí tener tus millones de palabras
si utilizas una y me tiras a la zanja?
¿De qué me sirve a mí escuchar tus palabras,
si se que, luego del alba,
dejarás que se deshagan?
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